Así es un día en Jerusalén para los de 2º de Bachillerato

  • 20/06/2019

Otra vez, otro día, otra mañana, otro despertar en Tierra Santa. Para muchos, los primeros 20 minutos de nuestro despertar, son pura duda y esfuerzo: «me levanto a desayunar o no», menos mal que el piar de los cuervos lo hace más sencillo. «Me ducho o no», ya sabemos que alguno lleva sin ducharse 11 días porque no tiene un patito con el que jugar mientras se ducha. Y tras mucha agonía y fuerza de voluntad todos conseguimos comenzar el día. En el caso de Luis Soldevilla la leyenda cuenta que su cuerpo no necesita dormir, ni está cansado, ya que a las 6:30 despierta a todo el mundo como si se hubiera tomado 8 cafés y 2 Red Bull’s a la vez.

Primero el desayuno, luego la Misa, y de ahí cada grupo se va a su respectivo trabajo.

Beltrán Bolívar, Jorge Jiménez de Andrade, Nacho de Lecea, Gonzalo Elorza y este servidor, a las monjas Brigitinas, cerca del Monte de los Olivos.
El trabajo, aunque arduo, cansado y que requiere una fuerza física extraordinaria, consiste en rastrillar, quitar las hojas y la basura, y dejar “bonito” el jardín que las monjas tienen en su terreno. A las 12:30, tenemos la suerte de poder comer en el mismo lugar con vistas de la cúpula de la Gran Mezquita de Jerusalén, el Huerto de los Olivos, La Iglesia de las Naciones y, por último, pero no menos importante, la Puerta de Oro. Todo ello cocinado y dado a nosotros por las monjas. Según tenemos entendido hay turistas que están pasando unos días en el convento a modo de hotel, que nos miran extrañados, preguntándose qué hacen unos jóvenes trabajando desde tan temprano en el jardín, y la respuesta es sencilla, ayudar a los cristianos en este territorio tan militarizado y conflictivo de cualquier manera posible, incluso si eso significa regar el césped y remover tierra a 35º C. Por suerte, Jimbo tiene 4 litros de crema diarios para embadurnarse con ella, y, por desgracia, el aftersun se le olvidó y muy a nuestro pesar, no consigue quedarse sin marcas todos los días.

Por la tarde, después de trabajar, lo primero es una buena ducha.
Luego cada uno hace algo de provecho, unos juegan a algún juego de mesa; otros utilizan sus dotes de regateadores con los vendedores en el Barrio Cristiano comprando pantalones y camisas, que cuando lleguen a casa saldrán por la misma puerta que han entrado como es el caso de Guille Moreira; otros hacen ejercicio de gimnasio “para llegar al verano con tableta de chocolate no derretida”. Se dice que los gritos de agonía de Juan Fernández Huete cuando hace abdominales son más altos que una bomba atómica. Otros visitan la ciudad entre judíos, musulmanes y cristianos, y, por último, un grupo reducido escribe crónicas para hacerle saber al mundo que un nuevo Churchill se acerca a la política y un nuevo profeta de Israel, también.

Después de todo, cenamos de manos del chef Nano con su cocina de dos fogones electrónicos. A pesar de lo que las madres puedan pensar, estamos comiendo increíblemente bien.

Hoy, después de cenar, a las 23:00 vamos a ir al Santo Sepulcro, y tener una experiencia única, al poder rezar en silencio absoluto en un lugar que normalmente tiene barullo y está repleto de gente. Teje, para cuando estemos de vuelta estará en el quinto sueño.

Y para finalizar, querría hacer dos menciones especiales. La primera, a don Pablo Méndez, en Tierra Santa conocido como don Paybol, que ha partido a Madrid a pesar de la ovación para que se quedara, a la que respondió diciendo que mucho le aclamábamos pero no veía una ofrenda a la altura. La segunda, a Rodrigo Cortiñas y a Diego Robledano, que también regresan a Madrid. Por suerte, la marcha de Diego tan solo será temporal, ya que no ha conseguido que sus bromas hagan gracia y se tiene que redimir antes del fin del campo de trabajo.

JAIME LUCAYA CASTÁN

Así es un día en Jerusalén para los de 2º de Bachillerato

Otra vez, otro día, otra mañana, otro despertar en Tierra Santa. Para muchos, los primeros 20 minutos de nuestro despertar, son pura duda y esfuerzo: «me levanto a desayunar o no», menos mal que el piar de los cuervos lo hace más sencillo. «Me ducho o no», ya sabemos que alguno lleva sin ducharse 11 días porque no tiene un patito con el que jugar mientras se ducha. Y tras mucha agonía y fuerza de voluntad todos conseguimos comenzar el día. En el caso de Luis Soldevilla la leyenda cuenta que su cuerpo no necesita dormir, ni está cansado, ya que a las 6:30 despierta a todo el mundo como si se hubiera tomado 8 cafés y 2 Red Bull’s a la vez.

Primero el desayuno, luego la Misa, y de ahí cada grupo se va a su respectivo trabajo.

Beltrán Bolívar, Jorge Jiménez de Andrade, Nacho de Lecea, Gonzalo Elorza y este servidor, a las monjas Brigitinas, cerca del Monte de los Olivos.
El trabajo, aunque arduo, cansado y que requiere una fuerza física extraordinaria, consiste en rastrillar, quitar las hojas y la basura, y dejar “bonito” el jardín que las monjas tienen en su terreno. A las 12:30, tenemos la suerte de poder comer en el mismo lugar con vistas de la cúpula de la Gran Mezquita de Jerusalén, el Huerto de los Olivos, La Iglesia de las Naciones y, por último, pero no menos importante, la Puerta de Oro. Todo ello cocinado y dado a nosotros por las monjas. Según tenemos entendido hay turistas que están pasando unos días en el convento a modo de hotel, que nos miran extrañados, preguntándose qué hacen unos jóvenes trabajando desde tan temprano en el jardín, y la respuesta es sencilla, ayudar a los cristianos en este territorio tan militarizado y conflictivo de cualquier manera posible, incluso si eso significa regar el césped y remover tierra a 35º C. Por suerte, Jimbo tiene 4 litros de crema diarios para embadurnarse con ella, y, por desgracia, el aftersun se le olvidó y muy a nuestro pesar, no consigue quedarse sin marcas todos los días.

Por la tarde, después de trabajar, lo primero es una buena ducha.
Luego cada uno hace algo de provecho, unos juegan a algún juego de mesa; otros utilizan sus dotes de regateadores con los vendedores en el Barrio Cristiano comprando pantalones y camisas, que cuando lleguen a casa saldrán por la misma puerta que han entrado como es el caso de Guille Moreira; otros hacen ejercicio de gimnasio “para llegar al verano con tableta de chocolate no derretida”. Se dice que los gritos de agonía de Juan Fernández Huete cuando hace abdominales son más altos que una bomba atómica. Otros visitan la ciudad entre judíos, musulmanes y cristianos, y, por último, un grupo reducido escribe crónicas para hacerle saber al mundo que un nuevo Churchill se acerca a la política y un nuevo profeta de Israel, también.

Después de todo, cenamos de manos del chef Nano con su cocina de dos fogones electrónicos. A pesar de lo que las madres puedan pensar, estamos comiendo increíblemente bien.

Hoy, después de cenar, a las 23:00 vamos a ir al Santo Sepulcro, y tener una experiencia única, al poder rezar en silencio absoluto en un lugar que normalmente tiene barullo y está repleto de gente. Teje, para cuando estemos de vuelta estará en el quinto sueño.

Y para finalizar, querría hacer dos menciones especiales. La primera, a don Pablo Méndez, en Tierra Santa conocido como don Paybol, que ha partido a Madrid a pesar de la ovación para que se quedara, a la que respondió diciendo que mucho le aclamábamos pero no veía una ofrenda a la altura. La segunda, a Rodrigo Cortiñas y a Diego Robledano, que también regresan a Madrid. Por suerte, la marcha de Diego tan solo será temporal, ya que no ha conseguido que sus bromas hagan gracia y se tiene que redimir antes del fin del campo de trabajo.

JAIME LUCAYA CASTÁN