Crónica 15: la última desde San Petersburgo

  • 26/07/2018

Dicen que el tiempo corre muy rápido cuando uno está disfrutando. Ha volado. Los 22 días de Rusia tocan ya a su fin y es inevitable pararse a pensar en qué nos llevamos de un mes trabajando gratis para gente que ni siquiera nos había pedido ayuda.

Sé que suena al típico tópico barreriano, pero puedo asegurar y aseguro que la experiencia ha dejado huella en cada uno de los miembros de “La Familia del Barracón”. Aunque su profundidad cambiará de uno a otro, no se quedará solo en los metros de la zanja que llevamos cavando dos semanas. Va mucho más allá. Hay a quien le ha servido para que los que antes eran compañeros ahora sean amigos, para mejorar humana y espiritualmente, para superar su comodidad y volcarse en los demás o para dejarse una barba que mesarse (siento esto último, pero la crónica se estaba poniendo un poco pastel).

Además, el impacto que ha tenido el grupo del barracón en los rusky es claro. No hay más que recordar las fotos que nos han hecho trabajando, las que se han hecho con nosotros -varias veces-, las preguntas de curiosos en el metro o la homilía de Mijail en nuestro último domingo aquí. Nos agradeció el trabajo, la compañía y el ejemplo en repetidas ocasiones. .

Llevamos una vida oyendo hablar de los míticos campos de trabajo en charlas de profesores, de alumnos, en vídeos… Y -para qué negarlo- teníamos las expectativas muy altas. Ahora esos “mayores” que salían en los vídeos de Rusia somos nosotros. Y sí, por si queda alguien que lo dude, merece la pena.

En cuanto al trabajo que hemos hecho, estuvimos una semana cortando y ordenando madera para que las familias más necesitadas tengan algo con que calentarse y resistir al duro invierno ruso. Las dos semanas restantes han consistido en cavar una zanja alrededor de la iglesia para conseguir evitar que se inunden los bajos de la misma. Hemos aprendido muy bien el significado literal de “pico y pala”. También hemos acondicionado la nave central de la iglesia para poder celebrar Misa y hemos adelantado bastante la construcción de un baño y un tejado. Es decir, hemos cumplido con los objetivos.

Pero no solo traemos de vuelta a Madrid cansancio y cosas bonitas, sino también muchas, muchas, muchas risas. Lo hemos pasado de perlas. Los caños y pelotazos a Joe, el Team Tourism y su afición por conocer a la población local, los órdagos de Torralbinsky y Manu Álvarez seguidos por un “se ven y se ganan” de Smithti (Santi Herrero-Tejedor y Jaime Guitian, cuenta la leyenda que jamás han perdido a nada), las expresiones de insondable sabiduría de Berni Muñoz (“con medias se ve” se lleva la palma), un Guille Moreira al que no le convence cómo están puestas las ventanas y acaba con ellas, las conversaciones con Mijail, las piernas de José Gefaell por la mañana después de una noche de mosquitos (cuando llegó del debate se trajo todos a Rusia), los tres segundos que tarda Quique Ariño en devolver el móvil a la horizontal, las rusky pegándose por ver a Cuestabajo en concierto, las siestas momentáneas de algún monaguillo, el reto medieval de Luis Arija a Nano por la jefatura de la cocina (se subió a una mesa a gritar un discurso), el Tabasco en las alitas, la broma a los Pepepackets… Y muchísimas anécdotas que me dejo en el tintero.

También hay que mencionar a “los incansables”, que se pasan el día trabajando: Nacho González (subjefe de obra en reconocimiento a su esfuerzo), Borja Montesino-Espartero, Alberto Baltar, Nano, José Gefaell, Jaime de la Peña y especialmente Miguel Jiménez. Muñas lidera y reparte sonrisas.

Pero la mención más especial de todas se la merece Mijail, el párroco de la iglesia. Vinimos con la intención -entre otras- de dar ejemplo a los rusky y salimos con el ejemplo de un sacerdote eslovaco que con 36 años ya lleva nueve intentando convertir Rusia. Nos ha ayudado siempre que lo hemos necesitado, trabaja más que nosotros (incluso), nos celebra Misa en español… Hasta nos ha cocinado barbacoas. Hay serias teorías sobre si tiene superpoderes. Este campo de trabajo no habría salido adelante sin su ayuda. Le debemos el mayor agradecimiento.

Queridas familias, como podéis comprobar, habéis hecho muy bien mandándonos a esta experiencia única. Solo podemos daros las gracias de la misma forma que todos los rusky nos las han dado a nosotros. Disfrutad de vuestros últimos días de vacaciones.

Santiago Herrero-Tejedor (Smithweaver)

PD: Añado este párrafo a la 1:39 de la madrugada del 25 de julio. Hoy, penúltima noche en Rusia, los 24 miembros de “La Familia del Barracón” hemos trabajado hasta hace cinco minutos para cumplir con el mayor objetivo de nuestro campo: zanjar la zanja. Toda una hazaña rusa que confirma todo lo escrito anteriormente. Esto es espíritu de Rusia y, quien diga lo contrario, miente.

Crónica 15: la última desde San Petersburgo

Dicen que el tiempo corre muy rápido cuando uno está disfrutando. Ha volado. Los 22 días de Rusia tocan ya a su fin y es inevitable pararse a pensar en qué nos llevamos de un mes trabajando gratis para gente que ni siquiera nos había pedido ayuda.

Sé que suena al típico tópico barreriano, pero puedo asegurar y aseguro que la experiencia ha dejado huella en cada uno de los miembros de “La Familia del Barracón”. Aunque su profundidad cambiará de uno a otro, no se quedará solo en los metros de la zanja que llevamos cavando dos semanas. Va mucho más allá. Hay a quien le ha servido para que los que antes eran compañeros ahora sean amigos, para mejorar humana y espiritualmente, para superar su comodidad y volcarse en los demás o para dejarse una barba que mesarse (siento esto último, pero la crónica se estaba poniendo un poco pastel).

Además, el impacto que ha tenido el grupo del barracón en los rusky es claro. No hay más que recordar las fotos que nos han hecho trabajando, las que se han hecho con nosotros -varias veces-, las preguntas de curiosos en el metro o la homilía de Mijail en nuestro último domingo aquí. Nos agradeció el trabajo, la compañía y el ejemplo en repetidas ocasiones. .

Llevamos una vida oyendo hablar de los míticos campos de trabajo en charlas de profesores, de alumnos, en vídeos… Y -para qué negarlo- teníamos las expectativas muy altas. Ahora esos “mayores” que salían en los vídeos de Rusia somos nosotros. Y sí, por si queda alguien que lo dude, merece la pena.

En cuanto al trabajo que hemos hecho, estuvimos una semana cortando y ordenando madera para que las familias más necesitadas tengan algo con que calentarse y resistir al duro invierno ruso. Las dos semanas restantes han consistido en cavar una zanja alrededor de la iglesia para conseguir evitar que se inunden los bajos de la misma. Hemos aprendido muy bien el significado literal de “pico y pala”. También hemos acondicionado la nave central de la iglesia para poder celebrar Misa y hemos adelantado bastante la construcción de un baño y un tejado. Es decir, hemos cumplido con los objetivos.

Pero no solo traemos de vuelta a Madrid cansancio y cosas bonitas, sino también muchas, muchas, muchas risas. Lo hemos pasado de perlas. Los caños y pelotazos a Joe, el Team Tourism y su afición por conocer a la población local, los órdagos de Torralbinsky y Manu Álvarez seguidos por un “se ven y se ganan” de Smithti (Santi Herrero-Tejedor y Jaime Guitian, cuenta la leyenda que jamás han perdido a nada), las expresiones de insondable sabiduría de Berni Muñoz (“con medias se ve” se lleva la palma), un Guille Moreira al que no le convence cómo están puestas las ventanas y acaba con ellas, las conversaciones con Mijail, las piernas de José Gefaell por la mañana después de una noche de mosquitos (cuando llegó del debate se trajo todos a Rusia), los tres segundos que tarda Quique Ariño en devolver el móvil a la horizontal, las rusky pegándose por ver a Cuestabajo en concierto, las siestas momentáneas de algún monaguillo, el reto medieval de Luis Arija a Nano por la jefatura de la cocina (se subió a una mesa a gritar un discurso), el Tabasco en las alitas, la broma a los Pepepackets… Y muchísimas anécdotas que me dejo en el tintero.

También hay que mencionar a “los incansables”, que se pasan el día trabajando: Nacho González (subjefe de obra en reconocimiento a su esfuerzo), Borja Montesino-Espartero, Alberto Baltar, Nano, José Gefaell, Jaime de la Peña y especialmente Miguel Jiménez. Muñas lidera y reparte sonrisas.

Pero la mención más especial de todas se la merece Mijail, el párroco de la iglesia. Vinimos con la intención -entre otras- de dar ejemplo a los rusky y salimos con el ejemplo de un sacerdote eslovaco que con 36 años ya lleva nueve intentando convertir Rusia. Nos ha ayudado siempre que lo hemos necesitado, trabaja más que nosotros (incluso), nos celebra Misa en español… Hasta nos ha cocinado barbacoas. Hay serias teorías sobre si tiene superpoderes. Este campo de trabajo no habría salido adelante sin su ayuda. Le debemos el mayor agradecimiento.

Queridas familias, como podéis comprobar, habéis hecho muy bien mandándonos a esta experiencia única. Solo podemos daros las gracias de la misma forma que todos los rusky nos las han dado a nosotros. Disfrutad de vuestros últimos días de vacaciones.

Santiago Herrero-Tejedor (Smithweaver)

PD: Añado este párrafo a la 1:39 de la madrugada del 25 de julio. Hoy, penúltima noche en Rusia, los 24 miembros de “La Familia del Barracón” hemos trabajado hasta hace cinco minutos para cumplir con el mayor objetivo de nuestro campo: zanjar la zanja. Toda una hazaña rusa que confirma todo lo escrito anteriormente. Esto es espíritu de Rusia y, quien diga lo contrario, miente.