Crónica 2 desde Jerusalén: primeros pasos en Tierra Santa

  • 11/06/2019

Y con el dulce piar de una urraca, que ya ha conseguido ganarse la enemistad de todos nosotros, comenzamos la segunda parte de este duro encuentro. A la pereza de algunos, amodorrados en sus cómodos y acogedores colchones, se oponen las carreras y las duras sesiones de entrenamiento matinales lideradas por Sanz y Merino, que siguen buscando adeptos para conseguir esos codiciados ‘abs’ y poder lucirlos en la playa este verano. Tras ello y un gran desayuno, en el que obviamente no podía faltar el pan de pita y un fiambre del que muchos dudan de su procedencia, cada uno puso rumbo a sus lugares de trabajo. Y así surgieron las primeras confusiones con el transporte público y los malentendidos con los conductores, tan generosos y suaves a la hora de ceder el paso.
Una vez superada esta odisea, y con cada uno en el lugar correspondiente, comenzaron los trabajos. En nuestro caso, el grupo de las brigitinas, se trata de limpiar el jardín del convento, rastrillando la paja que, inexplicablemente, ha llegado a parar al recinto de estas monjitas, además de fumigar las plantas y recortas las hojas muertas de las palmeras. Sorprende también la actitud de Lucaya, que a pesar de estar trabajando bajo el asfixiante sol israelí, trata de hacer sentadillas mientras transporta los repletos sacos de paja. Tras la dura sesión mañanera de trabajo llega la comida, unos bocatas que nos trajeron muy buenos recuerdos del campo de trabajo en Rusia, a pesar de que se echen en falta aquellos dos magníficos cocineros retirados.
Con las pilas recargadas, y rechazando la gran tradición que es la siesta española, retomamos la jornada laboral. Tras finalizar sobre las 4:30, regresamos a nuestra residencia para darnos una ducha, que por el bien de la humanidad tanto necesitábamos, asistir a Misa y darnos una vuelta por Jersusalén. En esta pudimos familiarizarnos con los shekels, la moneda nacional, con la que más de uno dudó de si había sido timado, ya que se parece más al dinero del monopoly que al real.
En la cena pudimos disfrutar de un gran manjar de carne y patatas acompañado de un hummus que, tras tres días de nevera, muy posiblemente podamos utilizarlo como cemento en la construcción. Tras ella tuvimos una tertulia en la que, a parte de poder reírnos de los seis que tuvieron la magnífica idea de raparse, cada grupo contó sus experiencias y se destaparon todas las verdades de este primer día de trabajo: el primer timo lo sufrieron los del grupo liderado por Tejerina y Pedro, que debido a su apariencia de occidental (o «guiri») tuvieron que pagar bastante más de la cuenta por unos cubos de pintura, además de tener que transportar 20 kilos cada uno para poder llegar a su destino de trabajo.
Pudimos también disfrutar de la magnífica crónica de Smithweaver, normal que esté tan bien escrita teniendo en cuenta la cantidad desmesurada, ingente, abismal y desorbitada que dedica a las simples analogías futbolísticas.
Por último, como no podía faltar, tuvieron lugar los primeros muses del campo de trabajo, de las que cabe resaltar las tremendas humillaciones que sufrieron la pareja de Zeus y Elorza y la de Cancio y Nano.
Pese a todos estos altibajos y dificultades que nos han ido surgiendo, hemos sabido sobreponernos y dar el máximo de cada uno, sin olvidar nunca el privilegio que es poder estar aquí durante tres semanas.

Jorge Jiménez de Andrade

Crónica 2 desde Jerusalén: primeros pasos en Tierra Santa

Y con el dulce piar de una urraca, que ya ha conseguido ganarse la enemistad de todos nosotros, comenzamos la segunda parte de este duro encuentro. A la pereza de algunos, amodorrados en sus cómodos y acogedores colchones, se oponen las carreras y las duras sesiones de entrenamiento matinales lideradas por Sanz y Merino, que siguen buscando adeptos para conseguir esos codiciados ‘abs’ y poder lucirlos en la playa este verano. Tras ello y un gran desayuno, en el que obviamente no podía faltar el pan de pita y un fiambre del que muchos dudan de su procedencia, cada uno puso rumbo a sus lugares de trabajo. Y así surgieron las primeras confusiones con el transporte público y los malentendidos con los conductores, tan generosos y suaves a la hora de ceder el paso.
Una vez superada esta odisea, y con cada uno en el lugar correspondiente, comenzaron los trabajos. En nuestro caso, el grupo de las brigitinas, se trata de limpiar el jardín del convento, rastrillando la paja que, inexplicablemente, ha llegado a parar al recinto de estas monjitas, además de fumigar las plantas y recortas las hojas muertas de las palmeras. Sorprende también la actitud de Lucaya, que a pesar de estar trabajando bajo el asfixiante sol israelí, trata de hacer sentadillas mientras transporta los repletos sacos de paja. Tras la dura sesión mañanera de trabajo llega la comida, unos bocatas que nos trajeron muy buenos recuerdos del campo de trabajo en Rusia, a pesar de que se echen en falta aquellos dos magníficos cocineros retirados.
Con las pilas recargadas, y rechazando la gran tradición que es la siesta española, retomamos la jornada laboral. Tras finalizar sobre las 4:30, regresamos a nuestra residencia para darnos una ducha, que por el bien de la humanidad tanto necesitábamos, asistir a Misa y darnos una vuelta por Jersusalén. En esta pudimos familiarizarnos con los shekels, la moneda nacional, con la que más de uno dudó de si había sido timado, ya que se parece más al dinero del monopoly que al real.
En la cena pudimos disfrutar de un gran manjar de carne y patatas acompañado de un hummus que, tras tres días de nevera, muy posiblemente podamos utilizarlo como cemento en la construcción. Tras ella tuvimos una tertulia en la que, a parte de poder reírnos de los seis que tuvieron la magnífica idea de raparse, cada grupo contó sus experiencias y se destaparon todas las verdades de este primer día de trabajo: el primer timo lo sufrieron los del grupo liderado por Tejerina y Pedro, que debido a su apariencia de occidental (o «guiri») tuvieron que pagar bastante más de la cuenta por unos cubos de pintura, además de tener que transportar 20 kilos cada uno para poder llegar a su destino de trabajo.
Pudimos también disfrutar de la magnífica crónica de Smithweaver, normal que esté tan bien escrita teniendo en cuenta la cantidad desmesurada, ingente, abismal y desorbitada que dedica a las simples analogías futbolísticas.
Por último, como no podía faltar, tuvieron lugar los primeros muses del campo de trabajo, de las que cabe resaltar las tremendas humillaciones que sufrieron la pareja de Zeus y Elorza y la de Cancio y Nano.
Pese a todos estos altibajos y dificultades que nos han ido surgiendo, hemos sabido sobreponernos y dar el máximo de cada uno, sin olvidar nunca el privilegio que es poder estar aquí durante tres semanas.

Jorge Jiménez de Andrade