Crónica 7 desde Rusia: “El barracón de Ots. Mikhail”

¡Privet! (Hola en ruso, o algo parecido), ¡amigos y familiares! Os alegrará saber que seguimos vivos, y por iniciativa propia os hemos querido escribir este pequeño texto para que sepáis cómo ha ido nuestra aventura hasta el momento, en San Petersburgo.
Nuestro viaje comenzó en la T2 de Barajas cuando hicimos el embarque para subir al primer vuelo que nos llevaría a Frankfurt. Muchos fueron en parejas en el avión, mientras que otros (inclusive un servidor) entablamos conversación con nuestros acompañantes del avión explicando, y empezando a comprender, la movida en que nos habíamos metido.
Llegamos a Frankfurt sobre las 4 de la tarde, donde tuvimos la Misa y comimos algo para añadir a la increíble paella que degustamos en el avión. Nuestro vuelo se retrasó un par de horas y acabamos llegando a San Petersburgo hacia las 11 y media de la noche. Después de organizarnos sufrimos la primera división entre los de Puskin y los del centro de la ciudad. En el propio bloque de San Petersburgo nos volvimos a dividir, dejando a unos cuantos en el seminario, viviendo, el resto en un barracón en la iglesia de la Visitación.
Después de todas las separaciones nuestro grupo era el último que prevalecía en el autobús. Llegados a este punto ya no sabíamos si iba a Siberia Occidental o si, efectivamente, el conductor ruso sabía cuál era nuestro destino. Al final, tras recorrer medio San Petersburgo, acabamos llegando a la parroquia. Agotados y muertos de sueño nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos a un feligrés de la parroquia, Ferdinad, que nos estaba esperando. Eran las 4 y media de la mañana. A pesar del intenso olor a curry que sentimos en el aire (y que se fue con nuestro benefactor), su predisposición a ayudarnos a altas horas de la noche nos dejó impactactados.
Al siguiente día, al habernos acostado finalmente tan tarde, nos permitimos el lujo de levantarnos a una hora poco recomendable para una convivencia de trabajo. Ya con energías renovadas ordenamos todo nuestro nuevo hogar, después de un buen desayuno, por supuesto. Nuestros cocineros, Jaime Novales y Guillermo Rothe, se encargaron de prepararnos la primera comida que engullimos rápidamente. Ya por la tarde asistimos a una misa en ruso celebrada por Mijaíl, el párroco, que no deja de sorprendernos día a día por su extraordinario carácter y sus ganas de que nos sintamos como en casa. Después de esto tuvimos nuestra primera toma de contacto con el trabajo al llevar un viejo confesionario a la capilla, que no rompimos de milagro.
Al día siguiente, sábado, ya sí que empezó nuestra experiencia de verdad como obreros, vestidos con nuestros monos de trabajo. Lo que nos dedicamos a hacer ese día y en general todos los días es vaciar la Iglesia por dentro para que en un futuro la puedan reformar. La Visitación tiene cuatro pisos más la torre. De estos pisos, el de abajo, se encuentra bastante bien, que es donde está la capilla y donde tienen lugar todas las ceremonias. El problema son los otros pisos que tienen una gran cantidad de escombros acumulados que hay que sacar si queremos que se lleven a cabo las reformas. Entre las cosas que hemos sacado estos días se encuentra una pila bautismal de más de media tonelada y unas doscientas tablillas de madera de un peso variado entre 10 y 30 kilos.
La tarde del sábado fuimos a cenar a San Petersburgo ciudad, donde visitamos algunos lugares turísticos, como la plaza de Lenin.
El domingo también lo empleamos a patear dicha ciudad, y pasamos todo el día fuera, por supuesto asistimos a Misa por la mañana en la visitación con los demás feligreses de la parroquia, que parecían encantados de vernos. Nos sorprendió mucho el contraste de estos rusos sonrientes y amables, católicos, con el del resto de rusos que hay por esta ciudad que siempre parece que les debas algo.
Nuestro lunes y martes ya se resumen en el comienzo de una semana entera de trabajo, con misas celebradas por Mijaíl en varios idiomas (se ha preparado la Misa en español, idioma que no conoce, inglés, ruso y latín según los momentos para que podamos aprovecharla mejor). Llevamos a buen ritmo el trabajo, que nos deja muy cansados, pero contentos por el avance de las obras en las que estamos participando completando lo que comenzamos el verano pasado. Hoy (martes) hemos celebrado el cumple de Don Ricardo, unos de los párrocos de esta zona con una fantástica pasta preparada por Mijaíl. Don Ricardo, sacerdote alemán y seguidor del Borusisa Dormund cumplió 79 años en un estado físico y anímico envidiable.
Saludos soviéticos

Rafa de “Lezeus”.

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