Crónica 9 desde San Petersburgo: “Da gusto cuando las cosas se hacen bien”

Llevamos más de una semana en San Petersburgo y ya tenemos un horario de trabajo establecido. Nos levantamos a la hora que queremos, eso sí el desayuno es a las ocho. Media hora después nos ponemos a trabajar cada uno en el sitio en el que se le ha reclutado: el comedor del seminario, donde hay que levantar el suelo; la Iglesia de la Visitacion, que hay que hacer habitable; y el piso, donde hay que sacar todo para preparar lo que será el primer centro del Opus Dei en San Petesburgo. De 12 a 12:30 descansamos y comemos a la 1:30. Sinceramente no me esperaba comer tan bien. Enhorabuena a Nistal, Chiva y sus pinches. La comida suele consistir en un bocata de media barra de pan y de vez en cuando incluso tenemos postre. En lo que llevamos aquí no hemos probado nada que no esté al nivel del ganador de ‘Masterchof’, más allá del cemento de patata, que de no ser por la textura podría servirse en cualquier restaurante de nivel. A las 2:30 volvemos a trabajar sin parar hasta la 6:00. Después de trabajar nos vamos al seminario, lugar donde dormimos; y nos duchamos. Aquí entran en juego dos técnicas maestras. Está la versión ‘sin pausa pero sin prisa procurando no hacer ruido’ y la versión de ‘a por ellos’. La primera se conforma de dos partes. ‘Sin pausa pero sin prisa’ hace referencia a la actitud tranquila del sujeto. Este nada más entrar decide ducharse por partes: empieza mojándose los pies, después las manos, etc. El ‘procurando no hacer ruido’ se debe a la temperatura del agua. Resulta muy difícil no emitir un gritito cuando te metes bajo un chorro de hielo líquido. A pesar de todo no se nos quita la sonrisa de la cara. La versión ‘A por ellos’ podría llamarse ‘a saco paco’. El truco consiste en tomar mucho aire antes de meterte de golpe debajo del agua. Una vez dentro ya no hay vuelta atrás. Para terminar el día tenemos de 7:00 a 8:00 adoración al Santísimo por turnos, a las 8:30 Misa y después cena.

Durante estos días se ha impuesto una filosofía, la de Gonzalo Schoendorff: la calle es mi gimnasio. La verdad es que tenemos trabajo para fortalecer todos los músculos del cuerpo. Estamos convencidos de que volveremos ‘mazaos’ porque acabamos reventados todos los días. Llegamos TAN cansados que decimos frases como: ‘la fría está muy ducha’ o ‘la dura es vida’, nacidas del agotamiento de Ignacio Sánchez y Guillermo Navarro respectivamente. Sin embargo estamos en un ‘gimnasio’ especial, un ‘gimnasio’ donde no sólo se ejercitan los músculos, también se ejercitan las virtudes. La paciencia, el compañerismo, la constancia, etc. Todo esto no sería posible sin el espíritu de Rusia. En la Santa Misa que celebra D. Miguel Antonio todavía no hemos repetido ni monaguillo ni lector y cuando dijeron que quién quería ir a una misa de rito bizantino todos levantamos la mano, incluso sin saber muy bien qué era. Da gusto cuando se hacen las cosas bien.

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