Crónica desde Pushkin: «Polvo eres y en polvo te has de convertir»

  • 18/07/2019

Tras casi diez días de arduo trabajo, ha llegado la hora de ponernos al día con nuestros enemigos naturales: el polvo y la tierra.

El polvo. Esa sustancia tan abundante que le encanta introducirse en nuestras gargantas y narices, provocando que se irriten y haya algún que otro trancazo que dificulte la rutina. Los distintos equipos dentro de la parroquia (escalera, capillas, cripta y sacristía) han logrado desarrollar mecanismos de defensa contra el polvo, pero parece que no se quiere ir. No te preocupes, no nos vamos a rendir.

La hierba y la tierra. Por mi parte, como uno de los encargados del área de jardinería, tengo que reconocer que es el trabajo que requiere de menor fuerza física, pero mayor fuerza de voluntad junto con lijar los ladrillos, pues es el más repetitivo y duradero. Por suerte, Javier Huerta y yo fuimos capaces de seguir adelante y cortar, rastrillar y arrancar parte de las malas hierbas de este vasto jardín. Sin embargo, a falta de manos, acudieron Ramón Azpiroz y Guillermo González para ayudar en las zonas más conflictivas. Nos hemos revolcado y peleado con esta tierra y, de momento, vamos ganando (aunque algún despistado haya pisado un rastrillo afilado más fuerte de lo normal). La guerra tiene pinta de estar acabando, pero tenemos que estar preparados; sólo nos queda una semana para salir victoriosos de Pushkin.

 Sin embargo, si hay algo que hay que agradecer al polvo y a la tierra, es la gran cantidad de momentos divertidos, amistades formadas y reforzadas y motivos para santificar nuestro trabajo que hemos tenido.

Nos contaron que veníamos a reformar y reconstruir una iglesia, pero estamos levantando una catedral.

TOMÁS MONTILLA GARCÍA

Crónica desde Pushkin: «Polvo eres y en polvo te has de convertir»

Tras casi diez días de arduo trabajo, ha llegado la hora de ponernos al día con nuestros enemigos naturales: el polvo y la tierra.

El polvo. Esa sustancia tan abundante que le encanta introducirse en nuestras gargantas y narices, provocando que se irriten y haya algún que otro trancazo que dificulte la rutina. Los distintos equipos dentro de la parroquia (escalera, capillas, cripta y sacristía) han logrado desarrollar mecanismos de defensa contra el polvo, pero parece que no se quiere ir. No te preocupes, no nos vamos a rendir.

La hierba y la tierra. Por mi parte, como uno de los encargados del área de jardinería, tengo que reconocer que es el trabajo que requiere de menor fuerza física, pero mayor fuerza de voluntad junto con lijar los ladrillos, pues es el más repetitivo y duradero. Por suerte, Javier Huerta y yo fuimos capaces de seguir adelante y cortar, rastrillar y arrancar parte de las malas hierbas de este vasto jardín. Sin embargo, a falta de manos, acudieron Ramón Azpiroz y Guillermo González para ayudar en las zonas más conflictivas. Nos hemos revolcado y peleado con esta tierra y, de momento, vamos ganando (aunque algún despistado haya pisado un rastrillo afilado más fuerte de lo normal). La guerra tiene pinta de estar acabando, pero tenemos que estar preparados; sólo nos queda una semana para salir victoriosos de Pushkin.

 Sin embargo, si hay algo que hay que agradecer al polvo y a la tierra, es la gran cantidad de momentos divertidos, amistades formadas y reforzadas y motivos para santificar nuestro trabajo que hemos tenido.

Nos contaron que veníamos a reformar y reconstruir una iglesia, pero estamos levantando una catedral.

TOMÁS MONTILLA GARCÍA