Crónica desde Pushkin. «Una valla que une»

  • 08/07/2019

Cuarta jornada de campo de trabajo y, de nuevo, volvemos al curro.

Antes de nada, quisiera recalcar que en el día de hoy un reducido grupo liderado por Íñigo Sánchez-Urbina ha empezado a ayudar en la iglesia ortodoxa. Parecerá una tontería, puesto que lo único que han hecho ha sido pintar una vallas insignificantes, pero es curioso como algo tan pequeño puede significar tanto. Es un símbolo trascendente, importantísimo para una, quien sabe, futura reconversión de estos al catolicismo. Como dice el párroco don Quico, no son unas vallas cualquiera, son «vallas que nos unen».

Por otro lado, en la Parroquia de San Juan Bautista no han faltado las anécdotas:

Para desesperación de muchos, a nuestro aparejador Andrei, perfeccionista donde los haya, no le ha parecido que los bordillos del jardín que estamos construyendo fueran dignos de un gran obrero y nos ha hecho repetirlos varias veces. Queda aún pendiente que les dé el visto bueno.

También, en los interiores de la iglesia, comienza a hacerse palpable la competencia existente entre los tres grupos encargados de derruir los muros de las deterioradas paredes: el de la sacristía, el de la cripta y el de las escaleras.

Hasta el momento, es precisamente el grupo de las escaleras (Íñigo de Ocio, Fernando Núñez, Ricardo Gómez, Jaime Alonso y Javier Reina, entre otros) el que se mantiene en cabeza. No obstante, no todo es coser y cantar. Sin ir más lejos, hoy uno de los mil escombros que suelen caer por las escaleras ha destrozado una tubería, provocando una gran inundación. Afortunadamente, ha sido suficiente con cortar el agua y la colaboración de todos para vaciar todos los destrozos.

Mañana más y mejor.

IGNACIO BERENGUER

Crónica desde Pushkin. «Una valla que une»

Cuarta jornada de campo de trabajo y, de nuevo, volvemos al curro.

Antes de nada, quisiera recalcar que en el día de hoy un reducido grupo liderado por Íñigo Sánchez-Urbina ha empezado a ayudar en la iglesia ortodoxa. Parecerá una tontería, puesto que lo único que han hecho ha sido pintar una vallas insignificantes, pero es curioso como algo tan pequeño puede significar tanto. Es un símbolo trascendente, importantísimo para una, quien sabe, futura reconversión de estos al catolicismo. Como dice el párroco don Quico, no son unas vallas cualquiera, son «vallas que nos unen».

Por otro lado, en la Parroquia de San Juan Bautista no han faltado las anécdotas:

Para desesperación de muchos, a nuestro aparejador Andrei, perfeccionista donde los haya, no le ha parecido que los bordillos del jardín que estamos construyendo fueran dignos de un gran obrero y nos ha hecho repetirlos varias veces. Queda aún pendiente que les dé el visto bueno.

También, en los interiores de la iglesia, comienza a hacerse palpable la competencia existente entre los tres grupos encargados de derruir los muros de las deterioradas paredes: el de la sacristía, el de la cripta y el de las escaleras.

Hasta el momento, es precisamente el grupo de las escaleras (Íñigo de Ocio, Fernando Núñez, Ricardo Gómez, Jaime Alonso y Javier Reina, entre otros) el que se mantiene en cabeza. No obstante, no todo es coser y cantar. Sin ir más lejos, hoy uno de los mil escombros que suelen caer por las escaleras ha destrozado una tubería, provocando una gran inundación. Afortunadamente, ha sido suficiente con cortar el agua y la colaboración de todos para vaciar todos los destrozos.

Mañana más y mejor.

IGNACIO BERENGUER