Crónica final desde Rusia: “¿Por qué 100 jóvenes de 17 años emplean un mes de sus vacaciones en esto?”

Antes de subirnos al avión de vuelta a Madrid, en la madrugada del día 27, disfrutamos del espectáculo de las Noches Blancas de San Petersburgo. Los puentes sobre el Neva se levantan para dar paso a los grandes buques de tráfico fluvial, y toda la ciudad se vuelca para convertir ese trámite logístico en una fiesta que atrae a personas de todo el mundo.

Era también una ocasión para hacer balance de estas tres semanas en Rusia. Los de cada grupo presumían del trabajo realizado. Los de Pushkin: el cuarto de baño construido en la cripta de Pushkin (un auténtico hito, tras veinte años de provisionalidad que ya había derivado en insalubridad); la nueva escalera que hace practicable la cripta desde el atrio de la iglesia; las dos nuevas capillas; el replanteamiento del jardín; los dorados de la barandilla que ahora cierra el presbiterio; las mejoras en el despacho del párroco… Los de San Petersburgo: la reforma del comedor y la cocina del seminario, tan necesaria para mejor servicio a los futuros sacerdotes; la impermeabilización de los muros de la capilla grecocatólica; los duros trabajos de desescombro de la iglesia de la Visitación; la ayuda en la reforma de la casa en la que se instalará el primer centro del Opus Dei en San Petersburgo…

Cada uno competía por demostrar que su trabajo era el más importante, el mejor acabado, el qué más servicio prestará a los católicos de esta parte del mundo (porque tras estas semanas ya todos vislumbran que más importante que la ayuda material -mucha, sin duda- es el apoyo a la Iglesia y a los católicos en este lugar que casi es de misión).

Impresionante, increíble, apasionante, necesario…

Si juntáramos y sintetizáramos las valoraciones del campo de trabajo por parte de los alumnos de 1º de Bachillerato (ya de 2º, los mayores del Colegio), todas convergerían en la misma definición: un campo de trabajo es una experiencia única e irrepetible.

Y tal vez esta crónica final sea el foro adecuado para responder a las preguntas que muchos se hacen: ¿cómo puede ser que 100 jóvenes de 17 años prefieran sacrificar un mes de su verano por los demás en detrimento de su propio descanso y ocio?, ¿y por qué en Rusia, cuando hay lugares mucho más necesitados de ayuda material?

La respuesta la encontramos en el balance de nuestro propio campo de trabajo: CAMBIO. Hemos cambiado, no somos iguales después del campo de trabajo, hemos madurado en todos los sentidos. Y afrontamos nuestro último año en Retamar de otra forma.

¿Los motivos?

La cruda realidad. La vida de verdad. Haber salido de nuestra burbuja y habernos dado cuenta de cómo es el mundo en realidad; haber comprobado que las cosas se consiguen con trabajo y esfuerzo, que nadie regala nada, que la vida es dura, que el cansancio es algo meramente psicológico que se puede vencer y que, con ayuda de los demás, somos capaces de mucho más de lo que a veces pensamos. Haber descubierto de verdad -“enterándonos”, como nos repetía don Javier estas semanas atrás- que somos unos afortunados y que tenemos que dar gracias por ello, que hay más satisfacción -y, por consiguiente, más alegría- en dar que en recibir.

En definitiva, nos ha enseñado a valorar cosas que hasta antes de venir a esta tierra obviábamos o ignorábamos.

Nos ha enseñado cómo es cada uno de nuestros compañeros realmente; cómo aquel que teníamos como un chulo en realidad es una grandísima persona y un currante por los demás; cómo el otro con el que nunca antes habíamos hablado es un auténtico genio; o, también, cómo aquel que pensábamos que valía la pena en el fondo es un poco egoísta y necesita que le ayudemos más.

Nos ha enseñado el valor de la oración, de cómo la promesa de la Virgen de Fatimaaparentemente irrealizable, va haciéndose realidad gracias a la oración y la santidad de muchas personas; de la importancia de la fortaleza en la vocación, reflejada en los párrocos españoles; de cómo sufren muchos católicos por vivir su religión y lo mucho que les conforta nuestra presencia aquí. Ver esto y creer en ello desembocó en un aumento progresivo de gente que voluntariamente rezaba el rosario o hacía oración. Todo está relacionado.

También nos ha enseñado sobre la importancia de la prudencia, cómo mas vale prevenir que curar; o la importancia de la buena gestión en el día a día; el dinero de bolsillo que hoy no has sido capaz de administrar correctamente mañana puede ser el capital de una empresa… Y mil cosas más de la vida diaria que nos ayudarán mucho en el futuro, claro que existen empresas de crédito como creditloan.com que permiten conseguir dinero de manera mas rápida y efectiva para algunas gestiones. Como nos dijeron en la última charla, “la gran enseñanza de estos días es que la vida, en gran medida, es como la habéis visto aquí”.

Es por todo esto, por lo que cada año tantos jóvenes emprenden este viaje; porque aporta unos valores incalculables. En definitiva, es una lección de vida que te empuja a cambiar. Ya no eres aquel niñato que se quejaba el primer día porque no quedaba Nutella, o porque no había agua caliente. Eres un hombre nuevo, distinto, más trabajador, más generoso, más simpático, más santo.

En conclusión, el campo de trabajo nos ha hecho mejores personas.

Javier Gómez Manglano

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