Llevando las andas de la Virgen en Nazaret

  • 20/06/2019

La falta de tiempo de Santiago Herrero y Jorge Jimenez de Andrade (el uno concediendo entrevistas a mansalva y el otro ofuscado en recuperar su desmejorada forma física) ha dado la oportunidad de que alguien menos mordaz lleve a cabo la tarea de escribir una crónica exenta de maldad, que rompa con la espiral de ataques en la que parecemos haber entrado últimamente. Allá va.

Los de Jerusalén amanecimos ayer en la suit presidencial (compuesta de colchonetas de plasticurris tiradas por el suelo)  que nuestros anfitriones nazarenos nos habían preparado con mucho cariño.  Las risas de hiena del tándem Iñaki Serrano – Pablo Belmonte, comentando el meme de turno. Ni siquiera los gritos histéricos de Rafa González de Canales reclamando su mantequilla minaron nuestro buen humor durante el desayuno, en el cual descubrimos que no solo se come pan de pita en Isarel.

Liderados por un entusiasmado Nacho González, anduvimos hasta la Basílica de la Anunciación, donde tuvimos el privilegio de asistir a una Misa celebrada por don Juan Jolín.

Acto seguido, fuimos en autobús a visitar el Monte Tabor o, como algunos decidieron bautizarlo, el “Horno Tabor”. Eso sí, sus impresionates vistas sirvieron de fondo ideal para que Nacho de Lecea y Gonzalo Elorza nos obsequiasen con algunas de sus mejores poses. Ambos prometen petarlo en Instagram en los proximos días.

Tras tener que esperar a Nano Álvarez y a Gonzalo Sanz, visiblemente conmovidos, regresamos a Nazaret. Allí, don Juan Navalpotro nos dijo las siete palabras mágicas: “haced lo que queráis hasta las siete”. Los gritos de júbilo fueron seguidas de carreras apresuradas al establecimiento más cercano para disfrutar de un delicios Shawarma. Se dice que Gonzalo Merino sembró el miedo entre los dueños de los restaurantes, temerosos de no tener suficiente comida para alimentar a semejante cuerpo. Depués, “La Hormiga” Fernández Huete tuvo la brillante idea de que nos fuéramos a echar unos museles para afianzar nuestro espíritu ibérico. Como a Fran Martín, locuaz donde los haya, le moló la idea, todos volvimos a nuetras habitaciones.

Con la aplastante victoria de Pelayo López-Medel frente a Juanito Torres, que se quedó sin palabras por primera vez desde que aterrizó en Tierra Santa, llegó el momento de rezar el rosario en la basílica. “Fiki” Muñoz-Murillo, Tito Yefs Gefaell, Guete Prada y un servidor[1]  fuimos los encargados de transportar a la Virgen en torno a la iglesia ante la atenta mirada de un centenar personas. Cabe mencionar la clerical vestimenta que nos hicieron llevar para ello, cuya notoriedad es casi equiparable a los pantalones bombachos de Guille Moreira.  Para celebrar que no se cayó la Virgen, los nazarenos, encabezados por Javi Navarro, nos sorprendieron con una barbacoa que, en palabras de Diego Robledano, estaba “to rica”.

Para terminar el día, Fern de Lucas nos anunció la próxima llegada de dos fichajes de verano para reforzar el medio campo. Se trata, ni más ni menos que de don Juan Jolín y Nicolás Buxens, que nos han costado un Jaime de la Peña y algunos millones (habrá que amortizarlos).

Íñigo Canosa Rabadán

Llevando las andas de la Virgen en Nazaret

La falta de tiempo de Santiago Herrero y Jorge Jimenez de Andrade (el uno concediendo entrevistas a mansalva y el otro ofuscado en recuperar su desmejorada forma física) ha dado la oportunidad de que alguien menos mordaz lleve a cabo la tarea de escribir una crónica exenta de maldad, que rompa con la espiral de ataques en la que parecemos haber entrado últimamente. Allá va.

Los de Jerusalén amanecimos ayer en la suit presidencial (compuesta de colchonetas de plasticurris tiradas por el suelo)  que nuestros anfitriones nazarenos nos habían preparado con mucho cariño.  Las risas de hiena del tándem Iñaki Serrano – Pablo Belmonte, comentando el meme de turno. Ni siquiera los gritos histéricos de Rafa González de Canales reclamando su mantequilla minaron nuestro buen humor durante el desayuno, en el cual descubrimos que no solo se come pan de pita en Isarel.

Liderados por un entusiasmado Nacho González, anduvimos hasta la Basílica de la Anunciación, donde tuvimos el privilegio de asistir a una Misa celebrada por don Juan Jolín.

Acto seguido, fuimos en autobús a visitar el Monte Tabor o, como algunos decidieron bautizarlo, el “Horno Tabor”. Eso sí, sus impresionates vistas sirvieron de fondo ideal para que Nacho de Lecea y Gonzalo Elorza nos obsequiasen con algunas de sus mejores poses. Ambos prometen petarlo en Instagram en los proximos días.

Tras tener que esperar a Nano Álvarez y a Gonzalo Sanz, visiblemente conmovidos, regresamos a Nazaret. Allí, don Juan Navalpotro nos dijo las siete palabras mágicas: “haced lo que queráis hasta las siete”. Los gritos de júbilo fueron seguidas de carreras apresuradas al establecimiento más cercano para disfrutar de un delicios Shawarma. Se dice que Gonzalo Merino sembró el miedo entre los dueños de los restaurantes, temerosos de no tener suficiente comida para alimentar a semejante cuerpo. Depués, “La Hormiga” Fernández Huete tuvo la brillante idea de que nos fuéramos a echar unos museles para afianzar nuestro espíritu ibérico. Como a Fran Martín, locuaz donde los haya, le moló la idea, todos volvimos a nuetras habitaciones.

Con la aplastante victoria de Pelayo López-Medel frente a Juanito Torres, que se quedó sin palabras por primera vez desde que aterrizó en Tierra Santa, llegó el momento de rezar el rosario en la basílica. “Fiki” Muñoz-Murillo, Tito Yefs Gefaell, Guete Prada y un servidor[1]  fuimos los encargados de transportar a la Virgen en torno a la iglesia ante la atenta mirada de un centenar personas. Cabe mencionar la clerical vestimenta que nos hicieron llevar para ello, cuya notoriedad es casi equiparable a los pantalones bombachos de Guille Moreira.  Para celebrar que no se cayó la Virgen, los nazarenos, encabezados por Javi Navarro, nos sorprendieron con una barbacoa que, en palabras de Diego Robledano, estaba “to rica”.

Para terminar el día, Fern de Lucas nos anunció la próxima llegada de dos fichajes de verano para reforzar el medio campo. Se trata, ni más ni menos que de don Juan Jolín y Nicolás Buxens, que nos han costado un Jaime de la Peña y algunos millones (habrá que amortizarlos).

Íñigo Canosa Rabadán