Ya ha pasado una semana desde que salimos de Madrid y llevamos cinco días en Pushkin. Hoy se celebra la fiesta del icono de Fátima en las parroquias de Pushkin y Kolpino: no trabajaremos. Nos vendrá muy bien este día de descanso, porque hemos empezado con mucha fuerza y el equipo está algo cansado, sobre todo después de la noche mundialista (por la diferencia horaria, el gol de Iniesta subió al marcador a las 00:55 de aquí, es decir, nadie empezó a dormir antes de las 03.00 y al día siguiente empezamos el trabajo a las 09:30).
En este enlace pueden ver las primeras imágenes que nos han llegado.
El desayuno va a ser a las 10, como señores (a diario, es a las 7:30). Mientras llega el equipo de intendencia a preparar el desayuno, puedo, por fin, contar algo de lo que estamos viviendo estos días.
El trabajo es abundante. Un equipo va cada mañana a Kolpino para continuar con la demolición de los tabiques del almacén que va a convertirse en capilla. Luis Fragío dirige esas operaciones. Quique Barrientos ha demostrado ser, hasta ahora, el más eficaz demoledor (en algún momento, incluso hay que pararlo…).
Un segundo grupo, bajo la dirección de Pablo Méndez, está sacando los restos acumulados del techo de la iglesia de Pushkin (cumplirá 200 años en 2011). Ayer un camión se llevó tres toneladas de escombros, excrementos de paloma, hierros… Este es un trabajo especialmente duro: muy poca luz, techo a 1,60 m, y mucho calor (estamos en una inusual ola de calor, con temperaturas entre 30 y 35 grados, y 98% de humedad).
El tercer equipo sigue con los bancos de la iglesia. Gracias a la experiencia de los de 2º de Bachillerato, ahora se va mucho más rápido. Ya hay 18 bancos pintados y acabados, pero… quedan más de 40 sin empezar.
Y hay un cuarto equipo, el de intendencia, que se preocupa de que no falten herramientas, agua, comida… Están haciendo un trabajo impagable. Iñigo Juárez nos sorprende cada noche con menús nuevos: pasta a la bolognesa, lasaña, ensaladas sofisticadas… Ayer, cena española para festejar el Mundial: gazpacho, tortilla de patatas y sangría. Los cuatro estudiantes rusos que están con nosotros están asombrados. En realidad, todos estamos asombrados de tamaña capacidad culinaria. Por si acaso, Alvaro Fábregas se ha revelado como un gran “controller”. A diario, carga con el dinero, lleva las cuentas, paga los transportes, mide los gastos.
Todos están trabajando con ganas y, gracias a Dios, con buena salud. A medida que pasan los días, también nos vamos dando cuenta de la importancia de este trabajo: más que un tabique o unos bancos, empezamos a ser conscientes de la necesidad que tienen estas tierras de perspectivas, de futuro… de Dios. Y empezamos a sentir el orgullo y la responsabilidad de contribuir un poco a todo eso.
Ots Alexander, el párroco de Pushkin, está muy decidido a comenzar una guardería en septiembre. Un día de éstos va a firmar el contrato de alquiler de un local. Cuenta con nosotros para acondicionarlo: será el próximo trabajo. Ya contaremos en próximas crónicas.
Tengo que interrumpir, porque llegan a desayunar. Para las madres: cada día se consumen en el desayuno, 15 litros de leche, cinco cajas grandes de cereales, casi un litro de aceite y más de 100 tostadas… El domingo incluso hubo huevos revueltos con bacon al estilo Nicolás Espinosa. Y lo preparan ellos mismos. Incluso queda todo recogido al final. Ver para creer.