Primera crónica desde el campo de trabajo en Tierra Santa

  • 10/06/2019

Lujo asiático. Quiero dirigirme a todas las madres que esperan con impaciencia a leer algo sobre sus niños. También a las que no han pegado ojo en toda la noche, pensando si nos han dado de comer, si hemos pasado frío o calor o si es peligrosa Tierra Santa. Si reúnes las dos condiciones, puedes respirar tranquila y seguir leyendo. Si, por otro lado, confías más en tu hijo, o simplemente eres su padre, hermano o conocido, y estás dando saltos de alegría por perdernos de vista tres semanas, quédate con esto: lujo asiático.
Veníamos al campo de trabajo con la idea de que sería eso, un campo de trabajo, con todo lo que conlleva: dormir a la intemperie, comer más bien poco y vivir completamente incomunicados de cualquier tipo de forma de vida civilizada. Frente a ello, Tierra Santa nos ha sorprendido con camas para todos (¡individuales y con colchones!), pan de pita en cantidades industriales y una residencia de monjitas salesianas a las puertas de la muralla antigua de Jerusalén. Bendita sorpresa. Sin embargo, nada habría sido posible sin la inspección previa del terreno por parte de don Antonio Orol, que, apoyándose en la locuacidad de Domingo Prada y en la seriedad y mesura de Íñigo Canosa, dieron con la gran artífice de la sorpresa que es este campo: Sor Mercedes. Andaluza, hospitalaria a más no poder y con un gato por sombra, nos ha preparado una residencia difícilmente superable, con habitaciones cómodas, rincones que parecen sacados de una revista de destinos paradisíacos -como las mesas del mus nocturno- y una comida que arrasa con las expectativas. Lo dicho, lujo asiático.
El pitido inicial de este lujo asiático fue el sonido del despertador a las 5 de las mañana de ayer. No sin acusar los efectos post selectividad y el sueño por lo intempestivo de las horas, nos mentalizamos y saltamos al terreno de juego. Tras un comienzo de partido de altos vuelos y muy convulso (hubo varias faltas como varios de nosotros aislados en el avión o rodeados de extranjeros, e incluso algún penalti como la invasión de pies descalzos en nuestros asientos), aterrizamos y la alegría por la opulencia de nuestra residencia nos hizo pensar que jugábamos en casa. Entonces comenzamos a repartir juego y habitaciones y ordenamos al equipo según posiciones: el Salesians Team se encargaría de la portería y defensa de la residencia, acondicionando el jardín y arrancando raíces; el equipo de los monasterios y de Polis organizaría el centro del campo, dando esa visión religiosa del juego y de ayuda a necesitados; mientras que el Saxteam encabezaría el ataque destrozando la resistencia que tímidamente le planteaban los escombros de Saxum.
Una vez repartidas funciones y dispuesta la alineación en el terreno de juego, llegó el pitido del descanso, que aprovechamos para visitar fugazmente la icónica Basílica del Santo Sepulcro y dar una vuelta por el casco antiguo de Jerusalén. La charla del míster nos ayudó a entender de verdad a qué nos enfrentábamos: diversidad religiosa (judíos ortodoxos de fiesta, con los famosos tirabuzones ondeando al viento israelí, musulmanes y cristianos), tensiones sociales (con las diferencias y separación entre barrios), y, en definitiva, sacamos la conclusión de que nos toca golear en cuanto a ayudas a la gente. Cenamos lo que nos habían preparado Sor Mercedes y sus monjitas (arroz con pollo, parece que nos tenemos que ir acostumbrando) y dormimos para coger fuerzas para el segundo tiempo. Esta mañana nos ha despertado el piar de un cuervo antes de lo previsto, y hemos desayunado gracias a Sor Mercedes. Otra vez.
Esta mañana del 10 de junio empezamos una segunda parte que durará los próximos 20 días y en la que nos toca golear. Orquestados por la batuta de los místers (Masterchef Nano Álvarez en cocinas; el Sargento Pelayo López-Medel, Beltrán Bolívar, Juan Fernández-HueteHuete y algún otro en trabajos), y con la ayuda incansable de todos y cada uno de los miembros del campo de Jerusalén, incluso de Rafa Muñoz-Murillo con el 8 a la espalda, tenemos una idea clara en mente: vamos a golear, y esto consiste en ayudar a la gente en Tierra Santa, y por medio de ellos ayudarnos a nosotros, volviéndonos gente volcada en los demás. Por cierto, aunque sobre mencionarlo, evidentemente será más fácil arrasar en este partido con Jimbo (Jorge Jiménez de Andrade) en el banquillo.
Así que sí, queridas madres, nos lo estamos pasando de perlas, y más con gente como Alberto Baltar o Quico García de Alvear. Sí, nos están tratando bien. No, no es peligrosa la ciudad, y menos si vas con Gonzalo Merino o Luis Cornide al lado. Sí, os mandaremos mensajes de vez en cuando. Todo un lujo asiático.
Por supuesto, no puedo cerrar esta crónica sin hacer una justa referencia a la importancia que Tierra Santa tiene en este campo, que le da algo especial. Estar en la tierra de Jesús hace que sea más fácil que la experiencia de estas tres semanas sea también religiosa y que el ofrecimiento de nuestro trabajo ayude a mucha gente.
Nos quedamos a la espera de oír algo del grupo de Nazaret.
Santiago Herrero-Tejedor (Smithweaver)

Primera crónica desde el campo de trabajo en Tierra Santa

Lujo asiático. Quiero dirigirme a todas las madres que esperan con impaciencia a leer algo sobre sus niños. También a las que no han pegado ojo en toda la noche, pensando si nos han dado de comer, si hemos pasado frío o calor o si es peligrosa Tierra Santa. Si reúnes las dos condiciones, puedes respirar tranquila y seguir leyendo. Si, por otro lado, confías más en tu hijo, o simplemente eres su padre, hermano o conocido, y estás dando saltos de alegría por perdernos de vista tres semanas, quédate con esto: lujo asiático.
Veníamos al campo de trabajo con la idea de que sería eso, un campo de trabajo, con todo lo que conlleva: dormir a la intemperie, comer más bien poco y vivir completamente incomunicados de cualquier tipo de forma de vida civilizada. Frente a ello, Tierra Santa nos ha sorprendido con camas para todos (¡individuales y con colchones!), pan de pita en cantidades industriales y una residencia de monjitas salesianas a las puertas de la muralla antigua de Jerusalén. Bendita sorpresa. Sin embargo, nada habría sido posible sin la inspección previa del terreno por parte de don Antonio Orol, que, apoyándose en la locuacidad de Domingo Prada y en la seriedad y mesura de Íñigo Canosa, dieron con la gran artífice de la sorpresa que es este campo: Sor Mercedes. Andaluza, hospitalaria a más no poder y con un gato por sombra, nos ha preparado una residencia difícilmente superable, con habitaciones cómodas, rincones que parecen sacados de una revista de destinos paradisíacos -como las mesas del mus nocturno- y una comida que arrasa con las expectativas. Lo dicho, lujo asiático.
El pitido inicial de este lujo asiático fue el sonido del despertador a las 5 de las mañana de ayer. No sin acusar los efectos post selectividad y el sueño por lo intempestivo de las horas, nos mentalizamos y saltamos al terreno de juego. Tras un comienzo de partido de altos vuelos y muy convulso (hubo varias faltas como varios de nosotros aislados en el avión o rodeados de extranjeros, e incluso algún penalti como la invasión de pies descalzos en nuestros asientos), aterrizamos y la alegría por la opulencia de nuestra residencia nos hizo pensar que jugábamos en casa. Entonces comenzamos a repartir juego y habitaciones y ordenamos al equipo según posiciones: el Salesians Team se encargaría de la portería y defensa de la residencia, acondicionando el jardín y arrancando raíces; el equipo de los monasterios y de Polis organizaría el centro del campo, dando esa visión religiosa del juego y de ayuda a necesitados; mientras que el Saxteam encabezaría el ataque destrozando la resistencia que tímidamente le planteaban los escombros de Saxum.
Una vez repartidas funciones y dispuesta la alineación en el terreno de juego, llegó el pitido del descanso, que aprovechamos para visitar fugazmente la icónica Basílica del Santo Sepulcro y dar una vuelta por el casco antiguo de Jerusalén. La charla del míster nos ayudó a entender de verdad a qué nos enfrentábamos: diversidad religiosa (judíos ortodoxos de fiesta, con los famosos tirabuzones ondeando al viento israelí, musulmanes y cristianos), tensiones sociales (con las diferencias y separación entre barrios), y, en definitiva, sacamos la conclusión de que nos toca golear en cuanto a ayudas a la gente. Cenamos lo que nos habían preparado Sor Mercedes y sus monjitas (arroz con pollo, parece que nos tenemos que ir acostumbrando) y dormimos para coger fuerzas para el segundo tiempo. Esta mañana nos ha despertado el piar de un cuervo antes de lo previsto, y hemos desayunado gracias a Sor Mercedes. Otra vez.
Esta mañana del 10 de junio empezamos una segunda parte que durará los próximos 20 días y en la que nos toca golear. Orquestados por la batuta de los místers (Masterchef Nano Álvarez en cocinas; el Sargento Pelayo López-Medel, Beltrán Bolívar, Juan Fernández-HueteHuete y algún otro en trabajos), y con la ayuda incansable de todos y cada uno de los miembros del campo de Jerusalén, incluso de Rafa Muñoz-Murillo con el 8 a la espalda, tenemos una idea clara en mente: vamos a golear, y esto consiste en ayudar a la gente en Tierra Santa, y por medio de ellos ayudarnos a nosotros, volviéndonos gente volcada en los demás. Por cierto, aunque sobre mencionarlo, evidentemente será más fácil arrasar en este partido con Jimbo (Jorge Jiménez de Andrade) en el banquillo.
Así que sí, queridas madres, nos lo estamos pasando de perlas, y más con gente como Alberto Baltar o Quico García de Alvear. Sí, nos están tratando bien. No, no es peligrosa la ciudad, y menos si vas con Gonzalo Merino o Luis Cornide al lado. Sí, os mandaremos mensajes de vez en cuando. Todo un lujo asiático.
Por supuesto, no puedo cerrar esta crónica sin hacer una justa referencia a la importancia que Tierra Santa tiene en este campo, que le da algo especial. Estar en la tierra de Jesús hace que sea más fácil que la experiencia de estas tres semanas sea también religiosa y que el ofrecimiento de nuestro trabajo ayude a mucha gente.
Nos quedamos a la espera de oír algo del grupo de Nazaret.
Santiago Herrero-Tejedor (Smithweaver)