Última crónica desde el Seminario de San Petersburgo: «Ahora me lo creo»

  • 29/07/2019

Llegamos a la recta final de este campo de trabajo. Y la verdad es que tenía ganas de escribir esta crónica, para contar cómo nos ha cambiado este campo de trabajo, pues al menos yo no soy el mismo que llegó hace unas semanas.

Tras unos días de trabajo más intenso de lo habitual, ayer 15 de nosotros, gracias a las charlas de don Javier y al heroico ejemplo del antiguo alumno que está con nosotros, Javier Benavides, nos quedamos hasta las 9 a pesar de que nuestra jornada de trabajo había acabado dos horas atrás. Este tipo de hechos son los que me han hecho pensar qué es lo que hacemos aquí, el por qué derribar ese tercer muro cuando mis manos y mi espalda me dicen que pare.

Tanto don Alberto a lo largo del año, como el día que vino a visitarnos nuestro antiguo director y mi preceptor, don José Luis Alier, han hecho énfasis en la idea de que estamos aquí por una causa mayor. Y esa causa, de la que tanto había oído hablar no me la terminaba de creer. Al menos hasta ahora.

De todas la charlas que hemos recibido, tengo que hacer especial mención a dos que han tenido lugar aquí, en el seminario. La primera, básicamente nos animaba a hacer algo para cambiar el mundo, ampliar horizontes. Esa idea le he ido dando vueltas a lo largo de este campo de trabajo, pensando en cómo la podía materializar. Y ahí es donde tiene lugar la segunda charla, esta vez con don Alberto como ponente. En esa charla, con sus impactantes anécdotas y consejos, don Alberto citó una frase de Benedicto XVI, el cual concluía por qué san Juan Pablo II no había muerto en el atentado contra su vida a pesar de que la virgen lo había anunciado. La respuesta ha sido sin duda lo que más me ha removido por dentro y lo que ha hecho que me crea todo lo que estaba haciendo: “la historia depende de la santidad de las personas”. O lo que es lo mismo, la predicción no se cumplió debido a la santidad del Papa.

Si eso no es capaz de calar en cada uno de nosotros para esta última semana, no sé qué  lo hará. Porque el campo de trabajo puede ser increíble gracias a las improvisaciones con base de Javier Martin Borregón, o sorprendente con el canto espectacular del ‘Ave María’ de Ignacio de Miguel, así como divertido con las imitaciones de prácticamente cualquier profesor y personaje del cine también llevadas a cabo por ‘demi’, sin olvidar la experiencia de acudir a una misa de rito bizantino celebrada por don Alejandro.

Y es que el campo de trabajo tiene esas cosas que lo hacen único, como la belleza de la ciudad en la que nos encontramos, o la suerte de estar con tus mejores amigos y conocer a gente nueva con la que no pensabas que te llevarías, o por supuesto, con una capacidad de trabajo y de liderazgo que jamás pensabas que tuvieras.

Pero esto es lo grande de Rusia, es que es más que eso. Los alumnos de Retamar estamos llamados a cosas grandes, a cambiar el mundo. Y me gustaría acabar con la frase de nuestro anterior Papa que he mencionado previamente, pues cómo queramos cambiar la historia depende de la santidad de cada uno de nosotros.

JAVIER INIESTA

Última crónica desde el Seminario de San Petersburgo: «Ahora me lo creo»

Llegamos a la recta final de este campo de trabajo. Y la verdad es que tenía ganas de escribir esta crónica, para contar cómo nos ha cambiado este campo de trabajo, pues al menos yo no soy el mismo que llegó hace unas semanas.

Tras unos días de trabajo más intenso de lo habitual, ayer 15 de nosotros, gracias a las charlas de don Javier y al heroico ejemplo del antiguo alumno que está con nosotros, Javier Benavides, nos quedamos hasta las 9 a pesar de que nuestra jornada de trabajo había acabado dos horas atrás. Este tipo de hechos son los que me han hecho pensar qué es lo que hacemos aquí, el por qué derribar ese tercer muro cuando mis manos y mi espalda me dicen que pare.

Tanto don Alberto a lo largo del año, como el día que vino a visitarnos nuestro antiguo director y mi preceptor, don José Luis Alier, han hecho énfasis en la idea de que estamos aquí por una causa mayor. Y esa causa, de la que tanto había oído hablar no me la terminaba de creer. Al menos hasta ahora.

De todas la charlas que hemos recibido, tengo que hacer especial mención a dos que han tenido lugar aquí, en el seminario. La primera, básicamente nos animaba a hacer algo para cambiar el mundo, ampliar horizontes. Esa idea le he ido dando vueltas a lo largo de este campo de trabajo, pensando en cómo la podía materializar. Y ahí es donde tiene lugar la segunda charla, esta vez con don Alberto como ponente. En esa charla, con sus impactantes anécdotas y consejos, don Alberto citó una frase de Benedicto XVI, el cual concluía por qué san Juan Pablo II no había muerto en el atentado contra su vida a pesar de que la virgen lo había anunciado. La respuesta ha sido sin duda lo que más me ha removido por dentro y lo que ha hecho que me crea todo lo que estaba haciendo: “la historia depende de la santidad de las personas”. O lo que es lo mismo, la predicción no se cumplió debido a la santidad del Papa.

Si eso no es capaz de calar en cada uno de nosotros para esta última semana, no sé qué  lo hará. Porque el campo de trabajo puede ser increíble gracias a las improvisaciones con base de Javier Martin Borregón, o sorprendente con el canto espectacular del ‘Ave María’ de Ignacio de Miguel, así como divertido con las imitaciones de prácticamente cualquier profesor y personaje del cine también llevadas a cabo por ‘demi’, sin olvidar la experiencia de acudir a una misa de rito bizantino celebrada por don Alejandro.

Y es que el campo de trabajo tiene esas cosas que lo hacen único, como la belleza de la ciudad en la que nos encontramos, o la suerte de estar con tus mejores amigos y conocer a gente nueva con la que no pensabas que te llevarías, o por supuesto, con una capacidad de trabajo y de liderazgo que jamás pensabas que tuvieras.

Pero esto es lo grande de Rusia, es que es más que eso. Los alumnos de Retamar estamos llamados a cosas grandes, a cambiar el mundo. Y me gustaría acabar con la frase de nuestro anterior Papa que he mencionado previamente, pues cómo queramos cambiar la historia depende de la santidad de cada uno de nosotros.

JAVIER INIESTA