Antiguos alumnos desde Irún a Santiago

  • 08/08/2021

Me gustaría poder escribir lo que hemos vivido. Cuando llegué a la plaza del Obradoiro se me vinieron muchas cosas a la cabeza que peleaban por salir. No eran lágrimas, no eran emociones. Era una especie de satisfacción por el trabajo bien hecho que no quería que se me quedara ahí. Y necesitaba ponerlo negro sobre blanco.

En 2017 comenzamos unos cuantos, que no teníamos la posibilidad de hacer el Camino entero desde la frontera de una sola vez, una experiencia por etapas anuales que nos ha llevado a recorrer todo el Cantábrico tras los pasos del Apóstol. No todos han llegado, pero el grupo se ha multiplicado por cuatro, ya que desde el principio todos empezamos a invitar a nuestros amigos.

La foto(*) que acompaña este texto es de antiguos alumnos de muy distintas promociones, pero que nunca olvidan su “pasión por servir”, seña de identidad del Colegio, y que hemos vivido en estos cinco años tan intensos hasta llegar allí.
Junto con ellos un grupo bien heterogéneo en todos los aspectos, pero como decía mas arriba, invitar a los amigos a estar cerca de Dios y de los demás no es intentar que todos sean como tú, sino ofrecerles lo que tú eres y vives. Y eso lo hemos hecho. Todos. Algunos llevaban muy alejados de Dios o de la Iglesia mucho tiempo. Y han notado que la mano de Dios estaba muy cerca y que ellos mismos podían ser esas manos de Dios. Por eso cómo dábamos gloria en cada Misa o en cada adoración. Y cómo lo percibían los que nos rodeaban ha sido muy significativo: “¿De dónde los has sacado?” me preguntaban muchos. Y les respondía: “ellos mismos se llevan adelante”. Eso también es Retamar. ¿No creéis?

Jesús Mateos, Antiguo Alumno, Párroco de Nuestra Señora del Carmen, Pozuelo

(*) De izquierda a derecha: Ignacio Busturia, Chema de Alba, Nacho Peña, Fran Rodríguez Cuenca, Jesús Mateos, Javier Peña, Pablo Mingote, Blas Barrado y Álvaro Trucharte

Antiguos alumnos desde Irún a Santiago

  • 08/08/2021

Me gustaría poder escribir lo que hemos vivido. Cuando llegué a la plaza del Obradoiro se me vinieron muchas cosas a la cabeza que peleaban por salir. No eran lágrimas, no eran emociones. Era una especie de satisfacción por el trabajo bien hecho que no quería que se me quedara ahí. Y necesitaba ponerlo negro sobre blanco.

En 2017 comenzamos unos cuantos, que no teníamos la posibilidad de hacer el Camino entero desde la frontera de una sola vez, una experiencia por etapas anuales que nos ha llevado a recorrer todo el Cantábrico tras los pasos del Apóstol. No todos han llegado, pero el grupo se ha multiplicado por cuatro, ya que desde el principio todos empezamos a invitar a nuestros amigos.

La foto(*) que acompaña este texto es de antiguos alumnos de muy distintas promociones, pero que nunca olvidan su “pasión por servir”, seña de identidad del Colegio, y que hemos vivido en estos cinco años tan intensos hasta llegar allí.
Junto con ellos un grupo bien heterogéneo en todos los aspectos, pero como decía mas arriba, invitar a los amigos a estar cerca de Dios y de los demás no es intentar que todos sean como tú, sino ofrecerles lo que tú eres y vives. Y eso lo hemos hecho. Todos. Algunos llevaban muy alejados de Dios o de la Iglesia mucho tiempo. Y han notado que la mano de Dios estaba muy cerca y que ellos mismos podían ser esas manos de Dios. Por eso cómo dábamos gloria en cada Misa o en cada adoración. Y cómo lo percibían los que nos rodeaban ha sido muy significativo: “¿De dónde los has sacado?” me preguntaban muchos. Y les respondía: “ellos mismos se llevan adelante”. Eso también es Retamar. ¿No creéis?

Jesús Mateos, Antiguo Alumno, Párroco de Nuestra Señora del Carmen, Pozuelo

(*) De izquierda a derecha: Ignacio Busturia, Chema de Alba, Nacho Peña, Fran Rodríguez Cuenca, Jesús Mateos, Javier Peña, Pablo Mingote, Blas Barrado y Álvaro Trucharte