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Crónica 13 desde Sudáfrica: «Un lugar sin nombre»

  • 24/06/2022

Hoy por la mañana algunos hemos visitado el Township. El Township, para el que no lo conozca aún, es el barrio chabolista de Barkly East. El grueso de la población reside ahí, pero no se sabe el número con exactitud porque las redes del censo no han llegado tan lejos.

El lugar es indistinguible y uno sabe perfectamente cuando ha pasado la «frontera». El fango sustituye al asfalto (el poco que hay) y la chapa al ladrillo. Hoy, que hacía nublado, se respiraba un aire plomizo bajo una luz sin vida. En las calles no hay grupos, sino individuos de barro fabricados en el mismo torno: andares sin gracia y miradas sin brillo.

Una cosa que me ha sorprendido tremendamente es que en la mayoría de las diminutas edificaciones, que no hogares, había antena parabólica, como si el entretenimiento de la televisión fuese un bálsamo contra la terrible realidad.

El agua emponzoñada y los excrementos del ganado son un decorado más del patio de juegos de niños que perdieron la inocencia en su primera primavera.

Se vive una vida sin chispa y se duerme en un lugar sin sueños para descansar en un campo santo sin recuerdos lleno de lápidas de padres e hijos que nunca tuvieron un nombre.

Fuera de allí, volvemos a un mundo con un poquito más de claros que de oscuros.

Rafa Gutiérrez de Cabiedes

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Crónica 13 desde Sudáfrica: «Un lugar sin nombre»

  • 24/06/2022

Hoy por la mañana algunos hemos visitado el Township. El Township, para el que no lo conozca aún, es el barrio chabolista de Barkly East. El grueso de la población reside ahí, pero no se sabe el número con exactitud porque las redes del censo no han llegado tan lejos.

El lugar es indistinguible y uno sabe perfectamente cuando ha pasado la «frontera». El fango sustituye al asfalto (el poco que hay) y la chapa al ladrillo. Hoy, que hacía nublado, se respiraba un aire plomizo bajo una luz sin vida. En las calles no hay grupos, sino individuos de barro fabricados en el mismo torno: andares sin gracia y miradas sin brillo.

Una cosa que me ha sorprendido tremendamente es que en la mayoría de las diminutas edificaciones, que no hogares, había antena parabólica, como si el entretenimiento de la televisión fuese un bálsamo contra la terrible realidad.

El agua emponzoñada y los excrementos del ganado son un decorado más del patio de juegos de niños que perdieron la inocencia en su primera primavera.

Se vive una vida sin chispa y se duerme en un lugar sin sueños para descansar en un campo santo sin recuerdos lleno de lápidas de padres e hijos que nunca tuvieron un nombre.

Fuera de allí, volvemos a un mundo con un poquito más de claros que de oscuros.

Rafa Gutiérrez de Cabiedes