Ago 31, 2026

We are deeply grateful for your commitment to developing young people. Campos de trabajo en Barkly East 2026.

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«We are deeply grateful for your commitment to developing young people through sport and for investing in our community. Your generosity and friendship will always be remembered». Este es uno de los párrafos de la carta que la Asociación de Clubes de Fútbol de Barkly East nos escribió al finalizar el campo de trabajo de julio (1º de Bachillerato). Y resume muy bien lo que han significado los dos campos de trabajo que hemos tenido este verano en Barkly East (Sudáfrica).

En el mes de junio, casi 100 alumnos de 2º de Bachillerato; y en el mes de julio, más de 100 alumnos de 1º de Bachillerato. Seis semanas de trabajo, asistencia y convivencia con las gentes de Barkly East, un pueblo al sur de Lesotho en el que está Khaya Lokukhanya, un orfanato con el que Retamar colabora desde 2014, a través de Komato Foundation, nuestro partner en Sudáfrica.

En este enlace está el álbum de fotos del campo de trabajo de junio. Y en este otro, el álbum de julio.

Y esta es la crónica del último día redactada por algunos de los asistentes:

Hace veintiún días aterrizamos en Barkly East con una mochila llena de ropa, ilusión y unas cuantas ideas preconcebidas sobre lo que iba a ser este campo de trabajo. Pensábamos que veníamos a construir unas casas, a echar una mano durante unas semanas y a volver a España con alguna anécdota graciosa para contar.

Qué equivocados estábamos.

Hoy nos vamos con mucho más de lo que trajimos.

Durante estos veintiún días hemos levantado muros, terminado el mítico muro de Juanri y Fede, pintado paredes hasta aprendernos de memoria el color de cada brocha, arreglado tejados, reformado el orfanato, preparado comida para la gente del township, repartido alimentos, jugado cientos de partidos de fútbol y vivido una racha inolvidable de victorias antes de despedirnos con una última derrota que, curiosamente, hoy ya no nos importa tanto.

Porque hemos entendido que nunca vinimos aquí para ganar partidos.

Vinimos para servir.

Y quizá ese sea el mayor aprendizaje de todos.

Nos acordamos de los primeros días, cuando las crónicas hablaban del desayuno de siempre, de las duchas heladas, de las salchichas o de cualquier pequeña incomodidad que entonces nos parecía un mundo. Hoy nos hace gracia leerlas. Porque sin darnos cuenta, aquello que al principio nos costaba tanto acabó convirtiéndose en algo por lo que dar gracias.

Aprendimos que un desayuno sencillo puede ser un lujo.

Que una ducha fría sigue siendo una ducha.

Que una cama humilde puede convertirse en el mejor sitio del mundo después de un día entero trabajando.

Y, sobre todo, aprendimos que la felicidad tiene muy poco que ver con todo aquello que tantas veces creemos necesitar.

También nos llevamos recuerdos que difícilmente olvidaremos.

Las tardes interminables de fútbol.

Las botas que terminaron en los pies de quienes más ilusión les hacía tenerlas, aunque durante tres semanas nos hubieran vuelto locos sobre el campo.

Las comidas repartidas por el township.

Las pinturas.

Las risas.

Las noches alrededor de la hoguera.

Las canciones españolas celebrando cada victoria.

Las bromas, los desodorantes explosivos, las gallinas imposibles, las pequeñas trastadas propias de un grupo de adolescentes que ha aprendido cuándo toca reír… y cuándo toca ponerse serio.

Porque entre risa y risa también han nacido amistades que probablemente no habrían existido en otro lugar.

Muchos hemos conocido de verdad a compañeros con los que apenas habíamos hablado durante el curso. Hoy cuesta imaginar este viaje sin ellos.

Y luego están ellos.

Los niños.

La gente a la que hemos venido a ayudar.

Pensábamos que éramos nosotros quienes íbamos a cambiarles un poquito la vida.

La realidad es que han sido ellos quienes nos la han cambiado a nosotros.

Nunca olvidaremos los abrazos, las carreras para saludarnos al llegar, los partidos de fútbol, las sonrisas, las miradas de ilusión o esos pequeños detalles que parecen insignificantes hasta que llega el momento de despedirse.

Porque ahí es cuando entiendes que el vínculo era completamente real.

No solo lloraban ellos.

También llorábamos nosotros.

Y eso dice mucho más de esta experiencia que cualquier muro construido o cualquier techo pintado.

Nos llevamos también historias que nos acompañarán siempre.

Los enamoramientos improvisados que tanto nos hicieron reír.

Valdés convirtiéndose, contra todo pronóstico, en todo un ligón.

Santi despidiéndose de Ailish con una carta de amor acompañada de una rosa y al volver escuchar aquel tímido “ goodbye to Santi”, de parte de Alata que apenas podía pronunciar una palabra pero si el despedirse de Santi Zamorano,suficiente para que a más de uno se le hiciera un nudo en la garganta.

Pequeños momentos que quizá duren unos segundos, pero que permanecerán toda la vida.

Nada de esto habría sido posible sin las personas que nos han acompañado.

Gracias, Don Alberto Barrera.

Por llevar a un centenar de adolescentes durante veintiún días con una paciencia que muchos todavía no entendemos de dónde sale.

Por saber cuándo tocaba reír con nosotros y cuándo era necesario recordarnos por qué estábamos aquí.

Por enseñarnos, con el ejemplo, que liderar consiste sobre todo en servir.

Gracias a Álex, por su trabajo silencioso de todos los días.

Gracias a Don Luis, por no dejar de currar un solo minuto.Un gran ejemplo a seguir como currante y como persona.

Gracias a Don Juan Navalpotro, por aparecer cuando más lo necesitábamos y darnos ese último empujón para llegar al final.

Gracias a Don Juan, por recordarnos cada día que el mayor cambio empieza siempre por uno mismo y por enseñarnos, con cada misa y cada conversación, que ser mejores personas es una tarea diaria.

Gracias también al sacerdote que nos acompañó estos últimos días cuando más falta nos hacía.

Y, por supuesto, gracias a nuestros monitores.

A los del 2005, Pipo, Felipe, Borja y el gran barrado,sin excluir a nuestro gran cámara Pirrobs que cuando era necesario la colgaba para echar una mano

A todos los que, sin casi darnos cuenta, dejaron de ser simplemente monitores para convertirse en amigos de verdad.

Nos habéis tratado como iguales, nos habéis escuchado, nos habéis aguantado en nuestros mejores y peores momentos y nos habéis demostrado que siempre podremos contar con vosotros.

Esperamos que vosotros también podáis contar con nosotros.

Mañana volveremos al aeropuerto de Johannesburgo.

Volveremos físicamente algo más cansados, alguno con menos pelo de lo que trajo, otros con algo de tos, sin apenas voz y con unas cuantas agujetas acumuladas.

Pero por dentro volvemos completamente distintos.

Con un corazón mucho más lleno.

Con una forma diferente de mirar el mundo.

Con una escala de prioridades que ya nunca volverá a ser la misma.

Y, sobre todo, con unas ganas enormes de volver.

Porque Barkly East ya no es solo un lugar.

Es una parte de nosotros.

Y, como nos ha repetido Don Alberto desde el primer día, hay partidos que solo se ganan cuando uno decide jugar pensando más en los demás que en sí mismo.

Este era uno de ellos.

Y entre todos, lo hemos querido.

Y entre todos, lo hemos acabado ganando.

Como dice la canción:
Esto ya se acaba, esto ya se cierra, la gente ya se marcha…
Pero… no llores porque paso sino sonríe porque sucedió
Mañana llegaremos al aeropuerto deseando ver a nuestras familias como niños de primero de primaria después de su primer día de colegio: nuevas historias, nuevos amigos, nuevas experiencias y recuerdos para toda la vida.
Como decía Mongesi, aunque nos hayamos ido de Barkley East físicamente, un trocito de cada uno siempre quedará en ese rincón del mundo.
Así que… gracias a todos por hacer esto posible, gracias RETAMAR