Sep 22, 2026

La última convivencia

resumen curso

La última convivencia… Los alumnos de 2º de Bachillerato tuvieron su última convivencia de curso. Copiamos la crónica que escribió uno de ellos:

CRÓNICA ÚLTIMA CONVIVENCIA PROMOCIÓN 2027 (LV)
Hay días que, cuando empiezan, parecen uno más. Y hay otros que sabes que, de alguna manera, vas a recordar durante mucho tiempo. Nuestra última convivencia en Retamar fue, sin duda, uno de esos días.
Todo comenzó con una misa ofrecida especialmente por nuestra promoción. Una misa con un significado distinto a todas las anteriores: esta vez éramos nosotros los que sabíamos que probablemente no volveríamos a vivir algo así juntos como alumnos de Retamar.
Y, como no podía ser de otra manera, después llegó el momento de disfrutar.
Se organizaron diferentes actividades deportivas, entre ellas un torneo de fútbol y otro de pádel. El fútbol tuvo un pequeño inconveniente: el campo de Retamar, que tantas veces nos ha visto jugar, estaba siendo reformado. Queremos aprovechar para agradecer enormemente a Don Alberto Barrera y a Don José María por haber decidido acometer semejante reforma… justo el año en el que nosotros nos vamos y ya no podremos disfrutarla. Una auténtica casualidad.
Por suerte, el pádel sí pudo celebrarse y, de hecho, fue uno de los grandes protagonistas del día. Tras una competición de altísimo nivel, Juan Bosco y Jorge Blanco se proclamaron campeones del torneo, demostrando que algunos llevaban mucho más tiempo entrenando para ese momento de lo que querían admitir.
Mientras tanto, también tuvo lugar el famoso cinefórum. Una actividad que, sobre el papel, prometía muchísimo y que, en la práctica, permitió a algunos descubrir una nueva forma de cine: el cine sin espectadores. Gran idea.
Después, tuvimos el rosario y las tertulias entre clase y clase, antes de escuchar una charla de Don Alberto Barrera sobre algo que, después de tantos años en el colegio, quizá nunca nos habíamos parado a pensar de verdad: cuál es el objetivo de nuestra vida como alumnos de Retamar.
Después de los torneos, nos dirigimos a Parque Lagos, donde nos esperaba una comida preparada por las cocineras. Y hay que decirlo: estuvieron increíbles. No solo por la calidad de la comida, sino por un acontecimiento que parecía imposible después de tantos años en Retamar: sobró comida. Por primera vez en nuestra vida escolar, pudimos contemplar semejante milagro.
Con las barrigas llenas, llegó el tiempo libre. Piscina, pádel, fútbol y todo tipo de deportes fueron ocupando la tarde mientras cada uno aprovechaba esos momentos a su manera. Porque quizá eso es precisamente lo que hace especiales estas convivencias: que, entre actividades, charlas y comidas, simplemente tenemos tiempo para estar juntos.
Después de los deportes llegó el momento de las duchas y, posteriormente, la barbacoa. Una barbacoa que no habría sido posible sin el equipo de cocina, a quienes queremos agradecer especialmente estos años. A Juan Baltar, Bosco de Lecea, Ignacio Asís, Pepe Montoya, Íñigo Reina y Alonso Manrique, y a todas las cocineras que nos han acompañado durante nuestra etapa en el colegio: muchísimas gracias.
Y fue precisamente durante la barbacoa cuando muchos nos dimos cuenta de algo que quizá hasta entonces no habíamos valorado lo suficiente. No solo estaban con nosotros nuestros profesores actuales. También habían venido profesores que nos habían acompañado durante otros años, como Don Antonio Orol, demostrando que nuestra relación con ellos no termina simplemente cuando dejamos de estar en sus clases.
Después llegaron las largas partidas de MUS, algún que otro partido de pádel nocturno y, finalmente, el momento de irse a dormir.
O, al menos, eso era lo que estaba previsto.
Porque algunas habitaciones terminaron convirtiéndose en auténticas chabolas. Camas preparadas para una persona llegaron a albergar a cuatro. Pero, por respeto a la intimidad de los protagonistas y para evitar posibles consecuencias académicas, preferimos no dar nombres.
A la mañana siguiente nos despertamos a las 8:45. Y aquí comenzó otra de las grandes pruebas de nuestra promoción: dejar todo perfectamente ordenado. Con el firme propósito de demostrar que somos chicos de Retamar responsables y, sobre todo, de evitar cualquier posible enfado por parte de los profesores y de Parque Lagos, nos pusimos manos a la obra.
Después de recoger, llegó el desayuno. Una vez más, las cocineras volvieron a demostrar su nivel y nos prepararon otro desayuno espectacular.
Tras el desayuno tuvimos otra misa y una charla de Don Juan Navalpotro sobre cómo debemos cambiar la sociedad. Una última reflexión antes de afrontar la última actividad de nuestra convivencia: la bolera.
Y allí ocurrió algo que todavía cuesta explicar. Javier ofreció una auténtica cátedra de bolos. Una exhibición impropia de alguien que, hasta ese momento, no había dado ninguna pista de haber dedicado años de su vida a este deporte. Don Alberto intentó plantarle cara y seguirle el ritmo, pero finalmente tuvo que aceptar la superioridad de su rival.
Y, casi sin darnos cuenta, llegó el momento de volver al colegio.
Dos días. Eso fue todo.
Dos días que, sobre el papel, pueden parecer insuficientes. Dos días que quizá a alguno le hayan sabido a poco. Pero dos días que nos han servido para darnos cuenta de algo mucho más importante.
Cuando empezamos nuestra etapa en Retamar, muchos de nosotros vivíamos las convivencias de otra manera. Intentábamos hacer las cosas a escondidas, dormir lo menos posible, hacer ruido por las noches y poner a prueba la paciencia de los profesores.
Ahora, años después, entendemos que las convivencias son mucho más que una excursión o dos días fuera del colegio.
Son una oportunidad para estar juntos.
Para conocer mejor a los compañeros con los que llevamos años compartiendo clase. Para fortalecer amistades. Para acercarnos a profesores que han estado con nosotros durante toda nuestra etapa escolar. Y, sobre todo, para crear recuerdos que, cuando pase el tiempo, probablemente serán algunos de los que más echemos de menos.
Nuestra promoción ya tenía una relación especial. Pero después de estos dos días, esa relación se ha hecho todavía más fuerte. Y no solo entre nosotros. También con todos aquellos profesores, monitores, cocineras y trabajadores que, de una manera u otra, han formado parte de nuestro camino durante estos años.
Por eso, queremos terminar esta crónica dando las gracias.
Gracias a los profesores por habernos acompañado, enseñado, corregido y, sobre todo, aguantado durante todos estos años.
Gracias a los monitores por cada convivencia y cada momento compartido.
Gracias a las cocineras por alimentarnos durante tantos años y por conseguir que, en esta ocasión, incluso sobrara comida.
Y gracias a todas las personas que han hecho posible que nuestra experiencia extraescolar en Retamar haya sido la que ha sido.
Esta ha sido nuestra última convivencia.
Y aunque probablemente todavía no seamos del todo conscientes de ello, sabemos que algún día miraremos atrás y recordaremos estos dos días con una mezcla de nostalgia y agradecimiento.
Porque podremos cambiar de colegio, de ciudad, de universidad, conocer gente nueva y comenzar etapas completamente diferentes.
Pero lo que hemos vivido aquí, las personas que hemos conocido y los recuerdos que hemos construido durante todos estos años nos acompañarán siempre.
Y por eso, aunque esta haya sido nuestra última convivencia en Retamar, Retamar siempre seguirá siendo parte de nosotros y, sobre todo, seguirá estando en nuestros corazones.
Muchas gracias.