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Crónica 11 desde Sudáfrica: «Cámara oculta»

  • 22/06/2022

Por primera vez desde que empezamos las obras, hemos hecho algo que levanta tres palmos del suelo. Después de cavar hasta el mismísimo centro de la tierra, se ha empezado a enladrillar. Si ayer decía que los rodillos para el que los quisiera, hoy resulta que sí los necesitamos ya que ha aparecido una maravillosa máquina que ha hecho todo el trabajo de la pasada mañana en apenas unas horas. Se ve que lo hicimos por entretenimiento. Si hay algo que destaca en esta obra son los cambios de planes inesperados.

Otra panda de desgraciados con muy mala estrella hemos vivido una mañana única y, esperemos, irrepetible. Resulta que el otro día se celebró el Día de la Juventud aquí en Sudáfrica y, por semejante evento, fuimos invitados a un congreso con los jóvenes de aquí. Prometía ser una jornada muy enriquecedora en el Hall del Township.

Aparecimos a eso de las 9:00 am en un pabellón que parecía un local de rave en cuyos “jardines” moraban unas simpáticas ovejas. Por desgracia, los ponentes (que dieron la charla con una manta puesta) llegaron en torno a las 10:30. La espera no se nos hizo excesivamente larga puesto que un DJ nos la amenizó con música tecno sudafricana a todo volumen, las ondas rebotaban en las agrietadas paredes y entraban en nuestros oídos con el ímpetu de un antidisturbios. Para cuando empezó la charla muchos se pensaban qué habían hecho mal en otra vida para estar en esa situación.

Se notaba que era el día de la juventud, ya que la media de edad del público asistente rondaría los 60 años, debe de ser una sociedad muy longeva. Fuimos presentados como suecos y disfrutamos de 4 horas de discursos en “Xhosa”, el dialecto local. Se ve que aparte de ser una sociedad longeva deben de tener problemas auditivos, porque los ponentes hablaban a un nivel de decibelios altísimo.

Podíamos estar escuchando el mismísimo Sermón de la Montaña que no íbamos a enterarnos de nada. De vez en cuando cantaban, otras veces rezaban y, por momentos, reían. Nosotros nos encontrábamos en una situación parecida a la que debieron de sentir los primeros europeos que llegaron a estos lares. Escuchamos, o entendimos, fragmentos de discursos sobre el cultivo de la patata o el empoderamiento femenino rodeados de ovejas, “casas” de chapa y a temperatura bajo cero.

La rúbrica la pusieron Salvador Martos, Nicolás Maldonado y Jaime Gutiérrez dando el discurso final sobre la importancia del sentido de la comunidad. Quizá algún día lo recordaremos y nos hará gracia, pero todavía nos duele la cabeza. Todavía no sabemos qué hemos hecho para ser sometidos a semejante tortura… o si era una cámara oculta.

Ahora, en pleno apagón y cenando con las linternas del móvil, nos disponemos a celebrar el cumpleaños de don Juan Navalpotro.

Cemento, que bonito nombre tienes.

Rafa Gutiérrez de Cabiedes

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Crónica 11 desde Sudáfrica: «Cámara oculta»

  • 22/06/2022

Por primera vez desde que empezamos las obras, hemos hecho algo que levanta tres palmos del suelo. Después de cavar hasta el mismísimo centro de la tierra, se ha empezado a enladrillar. Si ayer decía que los rodillos para el que los quisiera, hoy resulta que sí los necesitamos ya que ha aparecido una maravillosa máquina que ha hecho todo el trabajo de la pasada mañana en apenas unas horas. Se ve que lo hicimos por entretenimiento. Si hay algo que destaca en esta obra son los cambios de planes inesperados.

Otra panda de desgraciados con muy mala estrella hemos vivido una mañana única y, esperemos, irrepetible. Resulta que el otro día se celebró el Día de la Juventud aquí en Sudáfrica y, por semejante evento, fuimos invitados a un congreso con los jóvenes de aquí. Prometía ser una jornada muy enriquecedora en el Hall del Township.

Aparecimos a eso de las 9:00 am en un pabellón que parecía un local de rave en cuyos “jardines” moraban unas simpáticas ovejas. Por desgracia, los ponentes (que dieron la charla con una manta puesta) llegaron en torno a las 10:30. La espera no se nos hizo excesivamente larga puesto que un DJ nos la amenizó con música tecno sudafricana a todo volumen, las ondas rebotaban en las agrietadas paredes y entraban en nuestros oídos con el ímpetu de un antidisturbios. Para cuando empezó la charla muchos se pensaban qué habían hecho mal en otra vida para estar en esa situación.

Se notaba que era el día de la juventud, ya que la media de edad del público asistente rondaría los 60 años, debe de ser una sociedad muy longeva. Fuimos presentados como suecos y disfrutamos de 4 horas de discursos en “Xhosa”, el dialecto local. Se ve que aparte de ser una sociedad longeva deben de tener problemas auditivos, porque los ponentes hablaban a un nivel de decibelios altísimo.

Podíamos estar escuchando el mismísimo Sermón de la Montaña que no íbamos a enterarnos de nada. De vez en cuando cantaban, otras veces rezaban y, por momentos, reían. Nosotros nos encontrábamos en una situación parecida a la que debieron de sentir los primeros europeos que llegaron a estos lares. Escuchamos, o entendimos, fragmentos de discursos sobre el cultivo de la patata o el empoderamiento femenino rodeados de ovejas, “casas” de chapa y a temperatura bajo cero.

La rúbrica la pusieron Salvador Martos, Nicolás Maldonado y Jaime Gutiérrez dando el discurso final sobre la importancia del sentido de la comunidad. Quizá algún día lo recordaremos y nos hará gracia, pero todavía nos duele la cabeza. Todavía no sabemos qué hemos hecho para ser sometidos a semejante tortura… o si era una cámara oculta.

Ahora, en pleno apagón y cenando con las linternas del móvil, nos disponemos a celebrar el cumpleaños de don Juan Navalpotro.

Cemento, que bonito nombre tienes.

Rafa Gutiérrez de Cabiedes